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Archive for the ‘hoy’ Category

más sobre el almendro

vengo llegando a casita, a cuernavaca, justo a la mitad de este puente del 20 de noviembre, día en que se celebra la revolución mexicana. tarde calientita, cielo azul (el cielo de méxico era gris y estaba un poco más fresco que aquí), yo bajando bultos diversos del coche y entonces, miro hacia arriba. a las ramas del almendro. y veo que ya casi acabó de tirar sus hojas secas pero, lejos de que sus ramas estén pelonas, casi todas tienen hojas verdes, sanas, contentas.  me temo que en lo que estaba yo distraida, las dos semanas pasadas, terminó el otoño, pasó el invierno, empezó la primavera y ya va bastante avanzada y yo ni me enteré….

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naranjas pintadas

se pasó casi un mes y yo no logré escribir nada. hoy que intenté meterme a mi blog, ya no me acordaba de la contraseña. ni la más remota idea. tuve que solicitar una nueva, y me dieron una de esas llenas de numeritos y garabatitos. si no me acordaba de la mía, ¡en chino está que me vuelva a acordar de esta!!

dos semanas varada en méxico con ciática y mal de un tendón. y, ya para rematar, el talón de ese mismo lado, el izquierdo. octubre fue una joya, no cabe duda. terapia laser, calor, masaje al tendón (lo que más ayudó), meter la pata en agua caliente, calmantes fuertes, relajantes musculares y, ahora, una lámpara de luz infrarroja, unos electrodos que dan toquecitos eléctricos para estimular a los nervios y al tendón y a todo aquello que esté medio dormido allí dentro y una máquina sobre la cual subo los pies y que me da un extraño masaje oscilatorio que me hace sentir como dentro de una licuadora. pero supongo que algo me relajó porque sí me siento un poco mejor. la prueba será mañana, a ver si me puedo mover o sólo arrastrar. esta vez le huí a la acupuntura, que bien sé que alivia en estos casos, porque el dolor de las agujas últimamente me resulta demasiado. van dos acupunturistas que me miran medio feo por los alaridos que doy. mejor me alejo.

el otro día pasé por un súper a hacer la compra, sobre todo de fruta. oh sorpresa, las naranjas eran del anaranjado más anti-naranja posible. hay varias frutas de ese tono, y ahí sí se lo cree uno. pero, ¿naranjas de un anaranjado semi rojizo?? se lo creería a una toronja, hasta a una mandarina. aquí sólo hay una explicación posible, que encima me parece la más tonta. naranjas pintadas. maquilladas. disfrazadas. el cliente que va a por naranjas, las va a comprar pese al color que sean. ya se sabe que no todo el año tienen que ser anaranjadas o amarillas. igual que uno no todo el año está tostado por el sol. se queda uno preguntándose si la codicia es sólo del vendedor o si viene de más atrás, del distribuidor o incluso del productor.

 había otras cosas raras en ese súper, ahora que lo pienso. berenjenas blancas, del estado de puebla. romicia, que es un algo entre coliflor y brócoli pero verde claro y con unas formas de lo más caprichosas, como templos del sureste asiático. es una de esas cosas, junto con las berenjenas, que creo que esperaré a comer en casa de algún valiente que se atreva a comprarlas, averiguarles y prepararlas. una vez decidiendo si son comestibles o no, o viendo si me salen esas curiosísimas formas sobre el cuerpo o no, veré si las compro y las preparo. algún día les podré contar algo más sobre el tema.

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bicho contento

me imagino que es un bicho contento, ese que está alojado en mi garganta desde hace tres semanas. lo he estado alimentando con chochitos azucarados, jarabe de miel con eucalipto, delicioso té de gengibre con naranja y canela, pastillitas de propóleo y otras monadas. seguro ha estado feliz ahí y por eso no se ha ido. bueno, se multiplicó lo suficiente para contagiar a mi vecino el otro día, pero hoy tuvo a bien hacer que me empezara a arder la garganta de nuevo y entonces fue cuando decidí que ya había tenido suficiente de él. eso de andar contagiando gente cuando una piensa que ya está bien, también contribuyó a decirle ¡basta! y entonces llamé a la doctora que me sacó de la bronquitis en diciembre pasado a pedirle algo para mandar al bicho a mejor vida. antibiótico fuerte, de 3 tomas en tres días. también jarabe sabor frambuesa o algo así, dulce, para niños, que seguro ayudará a hacerle la vida más amable al bicho en lo que las pastillas blancas lo empiezan a deshacer. bye bye, bicho. espero.

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¡octubre!

¡octubre! ¡mañana ya es octubre! bueno, no, ni siquiera, dentro de una hora y treinta y siete minutos ¡ya será octubre! es qué, si me dicen que es abril, también lo creo. ¿a qué horas se pasaron los meses y llegamos a esto?? acababa de terminar la primavera, por lo cual di infinitas gracias, y ahora de pronto ya se terminó el verano también…

lo que no termina es la lluvia. ¿se acuerdan, antes, cuando ya por estas fechas iban ya de salida los aguaceros? aquí en cuernavaca, que tenía como una semana de ya no llover, empezábamos a celebrar el fin de las lluvias. y, nada. apareció lorenzo, ese huracán que anda causando estragos, y nos ha recetado unas súper tormentas estos días. ayer de plano les aguó la fiesta a los que celebraban el día de san miguel, cuando los habitantes de esta zona ponemos cruces hechas con las flores amarillo-naranjas de pericón, con su aroma muy particular, afuera de nuestras puertas, para evitar que entre el demonio, porque, como san miguel se emborrachó por andar celebrando su día de casa en casa y de chupe en chupe, el demonio, tan campante, se le escapó en cuanto vio la oportunidad. y todo el dia de ayer y la noche de antier, había cohetes por todos lados, hasta que se vino el chaparrón y con eso terminó el jolgorio.

antes de voltear a ver el calendario y sus implicaciones, esta entrada en realidad se iba a llamar “se la tragó la tierra”. resulta que compré en el súper una lechuga hidropónica, de esas que vienen con sus raíces y todo. había visto que se conservaban mejor si las metía uno en tierra, en una maceta, así que rápidamente hice lo mismo. al principio parecía estar bien, aunque no quería yo comerme ninguna de sus hojitas hasta que pareciera que hubiera “agarrado” bien, que se sintiera cómoda en la tierra. pero, al cabo de unos días, ante mis sorprendidos ojos fui viéndola desaparecer, hasta que, de un día para otro, de plano ¡se la tragó la tierra!! lo único que quedó fue el hueco en la tierra alrededor, dentro de la maceta, y una especie de bordecitos amarillentos, supongo que lo que fueron alguna vez las hojas, y nada más. desapareció sin dejar más rastro que ese, como si nunca hubiera estado allí. casi hasta podríamos decir que se desintegró. en algún mundo virtual tendría yo que pegar un letrero que dijera “se busca lechuga tragada por la tierra; se le vio desaparecer adentro de una maceta de un día para el otro. si alguien la encuentra, favor de hacerle notar que era mía.” o algo así.

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murciélagos

¡Volvieron los murciélagos!

Son sólo dos, a diferencia de los tres habituales, pero ahí andan, sobrevolando el jardín, dando vueltas a diferentes alturas, cuidadosos de no chocar con la casa, ni con el bungalow ni estamparse con el arco de ficus. 

Sí, se les oye, pero como no me había acercado a una ventana no sabía que lo que se oía eran ellos. Y luego, con las luces del jardín y de la alberca encendidas, se ven bien claritos. Negros, grandotes, alas ágiles. Dicen que anidan en unas cuevas que hay ¿cerca? de aquí, pero ya no me acuerdo dónde. Y que se alimentan de fruta. Quizá les guste la fruta del amate y por eso vienen a dar a este jardín. O quizá sean más capaces que los habitantes de esta casa a la hora de encontrar las maracuyás que crecen enredadas en el amate. En todo caso, sólo aparecen de noche por aquí y, al menos esta noche, se ven de lo más divertidos. 

Sueno emocionada por la vuelta de los murciélagos, ¿no? Es que es un ciclo. No sé de cuánto tiempo, no recuerdo todavía cuándo es que están aquí y cuándo que se van; tengo idea de haberlos visto hace no mucho, como en la primavera. Pero no sé bien. El caso es justamente eso del ciclo, de saber que ya llevo el suficiente tiempo en esta casa como para recordar temporadas anteriores de murciélagos, de maracuyás, de cuándo es que la alberca se llena de los frutos del amate. Ya no soy nueva aquí. La vida ya tiene más cimientos. Y ya empieza a cobrar vida.

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hormigas

¿Será que tantas veces he entrado y salido de mi estudio el día de hoy que terminé por pisar a todas las hormigas que iban y venían entre el balcón y uno de los enchufes tapados del pasillo? Porque, ahorita que miro en esa dirección, veo que ya no hay más hormigas siguiendo ese camino. Sería bueno saber que, la falta de concentración en mi cabeza el día de hoy, dio un fruto bueno, deshacerme de esa hilera de hormigas.

Aunque no será la única hilera que pase por mi casa. A últimas fechas, hay muchas. Hay otra en el baño, de hormiguitas casi diminutas, que cruzan por abajo del botiquín con espejo, van y vienen y van y vienen. No he tenido la curiosidad de averiguar de dónde o a dónde. Las de la rociada de insecticida del otro día bajaban desde la chimenea del bóiler y entraban también a otro apagador, en ese mismo lado del baño. En todo caso, las prefiero en el baño y no en la cocina.  

Hay otro tipo de hormigas, tamaño y color hormiga natural, a las que les llaman “hormigas locas” aquí en Cuernavaca, y dicen que porque son todas alocadas y van y vienen a gran velocidad y sin ton ni son. Veloces e indecisas, es decir. Atarantadas, diríamos. De esas también tuve, la semana pasada, en una de las ventanitas del pasillo que dan a la calle.  

Una de las cosas que más recuerdo de la primavera de este año era la interminable hilera de hormigas que salía de un agujero en el adoquín de la calle, subía por la banqueta, y pasando mi puerta de entrada empezaba su ascenso por el marco de la misma y luego seguía su camino hacia arriba, pasando las ramas del almendro y más alto. Se veía la mancha negra donde subían (o bajaban, algunas), pero nunca logré saber si llegaban hasta la azotea de la casa o si se internaban en la misma por algún agujerito.  

Un par de veces le señalé al esposo de la casera esta situación. Frotando un dedo por el camino de las hormigas, lograba destantearlas y que perdieran el hilo de lo que estaban haciendo. Pero, al cabo de un rato, aunque fuera por otro camino, retomaban su ascenso por el muro anaranjado. Y esto continuó buena parte de la primavera.  

Seguro deben haber subido comida cuando yo no estaba y no me di cuenta. Lo que siempre temí era el día que bajaran a buscarla, o a explorar los mundos nuevos de la casa a la que recién se habían mudado. Un día le dije al vecino qué, contrario a lo que él suponía, en esta casa no vivíamos cuatro seres, sino millones. Se rio mucho y se puso a considerar la cantidad de ácaros. ¡No, sin contar los ácaros! 

Y así se pasan los días, y cada vez hay más hormigas. Diminutas, normales, locas y las que son mitad rojo mitad negro. Esas se pasean por el otro lado de mi estudio, siempre con alguna idea fija en la mente de hacia donde van. Yo les voy teniendo paciencia en lo que me la tengo yo. Algún día llegará la quincena y me pagarán. Y entonces, rete contentos todos, vendrá el fumigador. No crean que lo hago con saña ni coraje. En realidad duele adentro saber que los granuladitos azucarados que les pone en su camino, que tan contentas se llevan para comer, en cuanto inicia el proceso de descomposición de los alimentos en su nido, que según me dicen es como les gusta consumirlos, contagia al resto de las provisiones con el veneno contenido en su interior y todo se va volviendo tóxico a largo plazo. No se acaban de un día para otro, pero sí las generaciones futuras ya no vendrán (tan seguido) a visitar.

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distracción

No sé si denominarme cándida, u olvidadiza o simplemente distraída. Luego de meterme al blog de mi papá, http://alejandroaura.wordpress.com a leer su percepción de la vida al día de hoy, quise entrar al del verdegorila, a ver si por ahí, el gorila verde había escrito algo…. ¡Ah, no, el verdegorila soy yo, si no escribo yo, no aparece nada nuevo!!

En realidad, creo que lo que pasa es que diariamente redacto algo para subir al blog, pero eso sucede en mi cabeza solamente y rara vez llega hasta la computadora, por no decir al blog. Siempre se me ocurre cuando me estoy desayunando, o lavando los platos, o cuando estoy atorada en el tráfico. De hecho, los grandes descubrimientos en mi vida los he hecho atorada en el viaducto o en patriotismo o cuando me estoy bañando. Algo sucede en el cerebro en esos momentos, algo se relaja adentro y puedo ver, a larga distancia, los sucesos que alguna vez se dieron lugar y que ahora me conducen a un gran descubrimiento.

Mi escaner sigue sin encontrar el camino a casa, pero les adelanto que ya tengo casi todos los rollos de fotos del viaje reveladas. Al rato tengo que ir a recoger el #15, que apareció en otra maleta, y falta el último, que ya no sé qué número era y que sigue estando en la cámara. Hace rato compré dos álbums grandotes, para tener dónde meter tanta foto.

Necesito volver a la traducción que estaba haciendo, porque llevo 1/4 parte del libro traducida y tengo que entregar ¡dentro de una semana! Pero, en mi cabeza, ya esta llegando la siguiente entrada del blog, hormigas. Conéctense pronto a ver si las hormigas llegaron ya al blog en su recorrido veloz por mi estudio…

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