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Archive for 22 septiembre 2007

murciélagos

¡Volvieron los murciélagos!

Son sólo dos, a diferencia de los tres habituales, pero ahí andan, sobrevolando el jardín, dando vueltas a diferentes alturas, cuidadosos de no chocar con la casa, ni con el bungalow ni estamparse con el arco de ficus. 

Sí, se les oye, pero como no me había acercado a una ventana no sabía que lo que se oía eran ellos. Y luego, con las luces del jardín y de la alberca encendidas, se ven bien claritos. Negros, grandotes, alas ágiles. Dicen que anidan en unas cuevas que hay ¿cerca? de aquí, pero ya no me acuerdo dónde. Y que se alimentan de fruta. Quizá les guste la fruta del amate y por eso vienen a dar a este jardín. O quizá sean más capaces que los habitantes de esta casa a la hora de encontrar las maracuyás que crecen enredadas en el amate. En todo caso, sólo aparecen de noche por aquí y, al menos esta noche, se ven de lo más divertidos. 

Sueno emocionada por la vuelta de los murciélagos, ¿no? Es que es un ciclo. No sé de cuánto tiempo, no recuerdo todavía cuándo es que están aquí y cuándo que se van; tengo idea de haberlos visto hace no mucho, como en la primavera. Pero no sé bien. El caso es justamente eso del ciclo, de saber que ya llevo el suficiente tiempo en esta casa como para recordar temporadas anteriores de murciélagos, de maracuyás, de cuándo es que la alberca se llena de los frutos del amate. Ya no soy nueva aquí. La vida ya tiene más cimientos. Y ya empieza a cobrar vida.

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angel

Estoy tirando plumas. Blancas, chicas. De angel, claro. Las traigo pegadas en distintas partes del cuerpo, sobre la ropa, casi todas, pero ayer descubrí una diminuta adherida al pegoste que cubría un balín de acupuntura en el pliegue del brazo. Eso me hizo convencerme de que sí soy angel. De otro modo, ¿cómo llegó la pluma allí??

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hormigas

¿Será que tantas veces he entrado y salido de mi estudio el día de hoy que terminé por pisar a todas las hormigas que iban y venían entre el balcón y uno de los enchufes tapados del pasillo? Porque, ahorita que miro en esa dirección, veo que ya no hay más hormigas siguiendo ese camino. Sería bueno saber que, la falta de concentración en mi cabeza el día de hoy, dio un fruto bueno, deshacerme de esa hilera de hormigas.

Aunque no será la única hilera que pase por mi casa. A últimas fechas, hay muchas. Hay otra en el baño, de hormiguitas casi diminutas, que cruzan por abajo del botiquín con espejo, van y vienen y van y vienen. No he tenido la curiosidad de averiguar de dónde o a dónde. Las de la rociada de insecticida del otro día bajaban desde la chimenea del bóiler y entraban también a otro apagador, en ese mismo lado del baño. En todo caso, las prefiero en el baño y no en la cocina.  

Hay otro tipo de hormigas, tamaño y color hormiga natural, a las que les llaman “hormigas locas” aquí en Cuernavaca, y dicen que porque son todas alocadas y van y vienen a gran velocidad y sin ton ni son. Veloces e indecisas, es decir. Atarantadas, diríamos. De esas también tuve, la semana pasada, en una de las ventanitas del pasillo que dan a la calle.  

Una de las cosas que más recuerdo de la primavera de este año era la interminable hilera de hormigas que salía de un agujero en el adoquín de la calle, subía por la banqueta, y pasando mi puerta de entrada empezaba su ascenso por el marco de la misma y luego seguía su camino hacia arriba, pasando las ramas del almendro y más alto. Se veía la mancha negra donde subían (o bajaban, algunas), pero nunca logré saber si llegaban hasta la azotea de la casa o si se internaban en la misma por algún agujerito.  

Un par de veces le señalé al esposo de la casera esta situación. Frotando un dedo por el camino de las hormigas, lograba destantearlas y que perdieran el hilo de lo que estaban haciendo. Pero, al cabo de un rato, aunque fuera por otro camino, retomaban su ascenso por el muro anaranjado. Y esto continuó buena parte de la primavera.  

Seguro deben haber subido comida cuando yo no estaba y no me di cuenta. Lo que siempre temí era el día que bajaran a buscarla, o a explorar los mundos nuevos de la casa a la que recién se habían mudado. Un día le dije al vecino qué, contrario a lo que él suponía, en esta casa no vivíamos cuatro seres, sino millones. Se rio mucho y se puso a considerar la cantidad de ácaros. ¡No, sin contar los ácaros! 

Y así se pasan los días, y cada vez hay más hormigas. Diminutas, normales, locas y las que son mitad rojo mitad negro. Esas se pasean por el otro lado de mi estudio, siempre con alguna idea fija en la mente de hacia donde van. Yo les voy teniendo paciencia en lo que me la tengo yo. Algún día llegará la quincena y me pagarán. Y entonces, rete contentos todos, vendrá el fumigador. No crean que lo hago con saña ni coraje. En realidad duele adentro saber que los granuladitos azucarados que les pone en su camino, que tan contentas se llevan para comer, en cuanto inicia el proceso de descomposición de los alimentos en su nido, que según me dicen es como les gusta consumirlos, contagia al resto de las provisiones con el veneno contenido en su interior y todo se va volviendo tóxico a largo plazo. No se acaban de un día para otro, pero sí las generaciones futuras ya no vendrán (tan seguido) a visitar.

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distracción

No sé si denominarme cándida, u olvidadiza o simplemente distraída. Luego de meterme al blog de mi papá, http://alejandroaura.wordpress.com a leer su percepción de la vida al día de hoy, quise entrar al del verdegorila, a ver si por ahí, el gorila verde había escrito algo…. ¡Ah, no, el verdegorila soy yo, si no escribo yo, no aparece nada nuevo!!

En realidad, creo que lo que pasa es que diariamente redacto algo para subir al blog, pero eso sucede en mi cabeza solamente y rara vez llega hasta la computadora, por no decir al blog. Siempre se me ocurre cuando me estoy desayunando, o lavando los platos, o cuando estoy atorada en el tráfico. De hecho, los grandes descubrimientos en mi vida los he hecho atorada en el viaducto o en patriotismo o cuando me estoy bañando. Algo sucede en el cerebro en esos momentos, algo se relaja adentro y puedo ver, a larga distancia, los sucesos que alguna vez se dieron lugar y que ahora me conducen a un gran descubrimiento.

Mi escaner sigue sin encontrar el camino a casa, pero les adelanto que ya tengo casi todos los rollos de fotos del viaje reveladas. Al rato tengo que ir a recoger el #15, que apareció en otra maleta, y falta el último, que ya no sé qué número era y que sigue estando en la cámara. Hace rato compré dos álbums grandotes, para tener dónde meter tanta foto.

Necesito volver a la traducción que estaba haciendo, porque llevo 1/4 parte del libro traducida y tengo que entregar ¡dentro de una semana! Pero, en mi cabeza, ya esta llegando la siguiente entrada del blog, hormigas. Conéctense pronto a ver si las hormigas llegaron ya al blog en su recorrido veloz por mi estudio…

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Volviendo

Yo sé que se deben estar preguntando dónde estoy, por qué no aparezco ni subo nada más al weblog. Llegué a casita hace dos semanas, a Cuernavaca, y los primeros días no tenía internet. Cuando lo tuve, descubrí que la pantalla de la computadora se veía borrosa y me ardían los ojos al intentar trabajar en ella. Entonces mandé la compu a servicio. Regresó antenoche y ayer me pasé el día viendo que, si bien ya no estaba tan borrosa, sí había perdido la mayoría de sus colores y costaba trabajo hacer lo que fuera en ella. A mediodía, cuando empezó el dolor intermitente de cabeza, como punzadas, cada cuatro o cinco minutos, tuve que decir basta y tomar una decisión.

Les ahorro todos los detalles, pero hoy estoy estrenando una pantalla plana, negra, con buena resolución, colores visibles, en la que es posible, finalmente, ¡trabajar!! Y me urge empezar a hacerlo, porque tengo que entregar la traducción del libro que tengo enfrente dentro de ¡dos semanas! La compu nueva llegará algún día de estos, cuando tenga dinero y no lo deba todavía del viaje, pero mientras, espero que esta solución dé buenos frutos.

Ya terminé de revelar las fotos del viaje, excepto por el rollo que sigue dentro de la cámara y que debe tener algunas fotos interesantes de La Rioja, en España, y por el rollo #15, que espero que esté perdido dentro de alguna maleta, porque no aparece y yo estoy segura de haber sacado más fotos en el barco de regreso de Palermo a Roma y de ese último día de museos y termas en la capital italiana. Ahora ya sólo tengo que recuperar mi escáner…..  Si alguien se topa un escáner, dos palanganas (una chica amarilla y una grande rosa) y tres pares de tijeras anaranjadas con buen filo rodando por el mundo, son mías. Pónganles timbres y mi dirección y háganmenlas llegar por favor. Aquí se reembolsa.

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